CONFIDENCIAL

Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.

Delito negro

La cifra negra del delito es aquella conformada por conductas delictivas que se cometen pero que no son denunciadas formalmente. En ese entendido, por sí misma esa estadística infunde temor y preocupación.

Sin embargo, resulta todavía mucho más intimidante el tipo de delitos que la sociedad no denuncia.

De acuerdo con una investigación de la organización no gubernamental, “Causa en Común”, son los delitos de secuestro, extorsión y fraude, los que tienen la más alta cifra negra.

Es decir, son esas las tres conductas delictivas que menos se denuncian. Su incidencia es grave, pero muy pocos casos llegan a conocimiento de la autoridad.

En relación al secuestro, solamente se denuncian 1.4% de los casos que ocurren. De la extorsión solo el 2.1 de los afectados acuden ante una agencia del Ministerio Público, y en relación al fraude, apenas el 3.3 por ciento de los casos son reportados por las víctimas.

Eso significa que, el 98.6% de quienes sufren un secuestro; 97.9 % de las víctimas de extorsionadores; y el 96.7 de los defraudados, prefieren callar.

Le cuento de ello por la gravedad de la situación. No es lo mismo que se deje de denunciar un robo, a que se oculte un secuestro o una extorsión. Cuando un secuestrador o extorsionador entienden que las posibilidades de que lo castiguen son mínimas, sigue delinquiendo.

La pregunta es: ¿Por qué esa apatía o desinterés social para acudir a formalizar una denuncia?

Respuestas podrá haber muchas, pero sin duda es la falta de confianza en las autoridades lo que lleva a quien sufre un delito a no acudir ante una agencia del Ministerio Público.

Sigue prevaleciendo la idea entre la población de que, muchas veces es más peligroso denunciar que no hacerlo. Y si, son abundantes los casos en que más tarda una víctima en presentar una denuncia que sus agresores enterarse de ello.

Otra explicación es que la ciudadanía considera que se trata de pérdida de tiempo. Estima que las posibilidades de que los responsables sean detenidos y procesados son mínimas. En ambos casos hay mucha razón. 

Lamentablemente, poco o nada hacen los gobiernos por mejorar su sistema de justicia.

Le siguen regateando los recursos presupuestales a la capacitación de los operadores del sistema de procuración de justicia, pero también continúan siendo tibios en el combate a la corrupción.

Bajo esas circunstancias, mientras no cambien las políticas públicas en esa materia, la delincuencia seguirá encontrando en el territorio nacional un paraíso para operar. En esa cifra negra del delito está el origen de gran parte del baño de sangre que padecen muchos estados del país.

EL RESTO.

LA MAS FEA. – “Tenemos la capital más fea del país”, dijo, sin rubor alguno, el alcalde de Victoria, Eduardo Gattás Báez, durante su intervención, el pasado domingo, en el evento de arranque de campaña del candidato a la gubernatura, Américo Villarreal Anaya.

Alguien debería decirle al edil que eso es algo que todos los tamaulipecos sabemos. No necesitamos que venga a restregárnoslo en la cara. Lo que necesitamos es que él, en su calidad de gobernante, se ponga a trabajar para revertir esa fealdad que aqueja a Ciudad Victoria.

Cuando anduvo pidiendo el voto a los victorenses, se cansó de prometer que transformaría a Victoria. Ya lleva seis meses en el cargo y nada ha hecho al respecto.

Por cierto, ahora resulta que su promesa de que acabaría con el desabasto de agua en Victoria la está condicionando a que Villarreal Anaya gane la gubernatura.

“Vamos a hacer que gane Américo porque nos va a ayudar con la segunda línea del acueducto”, propuso a gritos ese domingo, Gattás.

ASI ANDAN LAS COSAS.

roger_rogelio@hotmail.com

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