CONFIDENCIAL 

Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA. 

Los feminicidios no se frenan con decretazos. 

La oleada de feminicidios en el país sigue agravándose cada día mientras los gobiernos, tanto el federal como los estatales, se siguen viendo incapaces de delinear una estrategia que frene más muertes de ese tipo. 

El discurso, o la narrativa oficial, ha sido más reactivo que preventivo, llegando incluso al absurdo de politizar los asesinatos. 

Así sucede, por ejemplo, con la muerte de la jovencita Ariadna Fernanda, que trae enfrentados al fiscal del estado de Morelos, Uriel Carmona Gándara, y a la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Mientras el primero asegura que la muerte de la joven no fue dolosa, doña Claudia insiste en que se trata de un feminicidio, e incluso acusa a Carmona de intentar proteger al responsable. Evidentemente el caso está totalmente politizado por lo que el esclarecimiento de los hechos es lo último que les importa a las partes en conflicto. 

El punto es que, el incremento alarmante de feminicidios tiene rebasado por completo a los gobiernos en sus diferentes órdenes, y no se vislumbra alguna posibilidad de que pueda darse una contención de ese tipo de muertes. 

Ayer me escribió, Luis Alberto Rodríguez, quien fuera vocero de seguridad pública del gobierno del estado en el sexenio anterior. Es, en mi opinión, uno de los profesionistas que conocen a detalle el fenómeno delincuencial, sus causas y consecuencias. 

Sobre el tema del feminicidio, considera Rodríguez que, de entrada, el aumento de casos ocurre porque, recientemente hubo una disposición de carácter legal, de que todo homicidio de mujer fuera atendido con perspectiva de género, bajo los protocolos de feminicidio.  

Pero, más allá de eso, expone un tema en el que coincido por completo, y el cual ya he abordado en este espacio en diversas ocasiones: el desproporcionado aumento de la violencia familiar, como principal causa originaria del feminicidio. 

Casi siempre, atrás del asesinato de una mujer existe una larga historia de agresiones hacia la víctima. 

“Luego entonces, el problema es la tremenda violencia de pareja, tanto en el matrimonio como en el noviazgo, que existe como especie de una antesala de los feminicidos…” razona Rodríguez.  

Y si, efectivamente, aquí hemos advertido que, mientras los gobiernos sean incapaces de frenar la violencia familiar, difícilmente podrá frenar la oleada feminicida, porque ambos fenómenos van completamente ligados. 

El problema es que, tanto gobiernos como legisladores siguen tratando de resolver el fenómeno a base de decretazos para endurecer las leyes y las penas relacionadas con la violencia familiar, a pesar del fracaso evidente de esa ruta. 

Unos y otros han sido incapaces de delinear una estrategia más de fondo que, por ejemplo, comience a trabajar con los niños y adolescentes a través de un cambio cultural en el que impere el respeto por el prójimo, pero sobre todo por la legalidad. 

Si a los niños y jóvenes de hoy se les comienza a formar con esa perspectiva de género de la que tanto habla la narrativa oficial, podremos aspirar a que, en un futuro no muy lejano, tengamos menos violencia familiar y en consecuencia menos feminicidios. 

El problema es que, como le decía, hay un marcado desinterés oficial por el asunto. 

“A los tomadores de decisiones gubernamentales no les gusta mucho el tema porque implica altas inversiones, gran cantidad de especialistas, un seguimiento permanente, y estructuras con especialistas que pueden costar mucho” explica Rodríguez.  

Tiene razón de sobra. Entonces, mientras los gobiernos sigan en ese círculo vicioso de querer obtener resultados distintos haciendo lo mismo, vamos a seguir padeciendo esa ola feminicida que tanto nos agobia como sociedad. 

ASI ANDAN LAS COSAS. 

roger_rogelio@hotmail.com  

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