CRÓNICA SEMANAL

MADRE DE FAMILIA SALVA LA VALLA PARA HABLAR CON AMLO

POR ANGEL VIRGEN ALVARADO

*- EL HIJO MENOR DEL PRESIDENTE Y LOS TACOS DE BARBACOA

Bajo un cielo encapotado que amenazaba lluvia, minutos antes de la cuatro de la tarde, el Presidente ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR llegó a Matamoros.

A su arribo al puente Internacional Ignacio Zaragoza (Los tomates) primero lo abordaron obreros del movimiento 20/32.

Luego los periodistas le preguntaron sobre el tema de inseguridad y no respondió.

Solo dijo que venía a supervisar la modernización de las instalaciones de la Aduana

En cuanto al tema migratorio, en el contexto del fin del Título 42, dijo:

“(También) A eso vengo, venimos a hablar de eso. Ahora, venimos a ver eso” y pidió “prudencia” sobre ese asunto.

EL HIJO MENOR DEL PRESIDENTE Y LOS TACOS DE BARBACOA

Los padres de familia de una jovencita de 16 años que desapareció en esta ciudad de Matamoros como pudieron se acercaron al Presidente y le pidieron ayuda para localizar a su hija.

El Presidente llamó a uno de sus ayudantes y le dijo que tomara datos; la madre de familia dijo que ya habían denunciado la desaparición de su hija pero que en la Fiscalía de Matamoros le habían dicho “ya no le muevas”.

El Presidente LÓPEZ OBRADOR y lo Secretarios de la Defensa Nacional y la Marina, General CRESENCIO SANDOVAL y Almirante JOSÉ RAFAEL OJEDA DURÁN entraron al edificio de la Aduana, en apariencia contraído por personal de la SEDENA.

Entre tanto, afuera del edificio, el hijo menor del Presidente JESÚS ERNESTO, acompañado por varios funcionarios, comenzaron a comer tacos de barbacoa y a contar chistes.

JESÚS ERNESTO, un muchacho de 16 años (a quien un comentarista llamó “el chocorrol”), está enorme. En un abrir y cerrar de ojos dio cuenta de 10 tacos de barbacoa, dos refrescos de medio litro y dos botes de agua.

Tacos, refrescos y agua lo traía en hieleras que llevaban en una camioneta Suburban último modelo.

LA TEMERIDAD DE UNA MADRE DE FAMILIA

Casi 40 minutos después, cuando el Presidente ANDRÉS MANUEL salió del edificio de la Aduana, la madre de familia de la jovencita desaparecida se movió con rapidez; levantó una valla, entró al área restringuida y corrió hacia LÓPEZ OBRADOR.

Guardias, policías y soldados se quedaron quietos.

Nadie se movió.

Hubo un silencio expectante.

La señora llegó hasta el Presidente y con lágrimas en los ojos le pidió ayuda para localizar a su hija desaparecida.

El Presidente la abrazó y algo le prometió.

Entre sollozos, la mujer se cubrió la cara con sus dos manos.

La escena fue muy emotiva. Algunas damas lloraron. Los hombres bajaron la vista.

No lejos observaba el Secretario de la Marina, RAFAEL OJEDA DURÁN.

Después, AMLO y acompañantes subieron a los vehículos bilindados y por la autopista, se dirigieron a Reyosa, donde el Presidente pernoctaría.

La agenda de AMLO marcaba que ayer domingo estaría en Reynosa y Nuevo Laredo supervisando la modernización de las aduanas fronterizas.

MI PECHO NO ES…

BETO GRANADOS; UN DIPUTADO ALTRUISTA

La semana pasada, el jueves, charlaba con el Doctor GERARDO GARCÍA SALINAS, Director del Hospital General Dr. Alfredo Pumarejo quien se encontraba acompañado de su hija CAROLINA cuando llego a las oficinas del nosocomio el diputado JOSÉ ALBERTO GRANADOS FÁVILA.

El legislador, con la sonrisa a flor de labio saludó y le dijo al Dr. GARCÍA SALINAS que en el estacionamiento (seguramente en un vehículo) llevaba enseres para el Hospital.

La Doctora CAROLINA acompañó a GRANADOS para recibir la donación.

Eso habla bien de diputado.

Hechos son amores… y no buenas razones.

Reportan en Facebook el deceso de la ex alcaldesa MAGDALENA PERALTA, en Tampico.

P.D.- Leído en el Facebook

“Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche.

Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años.

Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia.

Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?»

Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche.

El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.

A Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa.

Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar.

Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de Hugo.

Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta.

Hugo es su gran admirador y mientras escuchan al gran Benny cantando “Cómo fue” en un casete, hablan sobre música y músicos.

Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento.

Sin embargo, ha habido una equivocación, y quien ha tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.

A la mañana siguiente Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recámara.

En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta cómo cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo. Ana empieza a sentir una extraña felicidad.

En esos momentos una amiga pasa para invitarla a comer. Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo.

Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que él baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de tal manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude y, finalmente se queda dormida. Rendidos, terminan tirados en un sillón de la sala.

Para entonces ya se les fue el santo al cielo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan en su casa los ladrones, y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo está por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándole muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece”.

Gabriel García Márquez, del libro ” Cómo se Cuenta un Cuento”

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