El Ojo de Dios contempla a las “corcholatas”

CIUDAD DE MÉXICO (EL UNIVERSAL).- La vigilancia divina los observa. Se trata del Ojo de Dios dentro de un triángulo y con un gran resplandor dorado, símbolo de origen cristiano-católico presente en muchas iglesias; sobre sus cabezas yace el Gorro Frigio, símbolo de la libertad.

En el Gran Salón de Sesiones del Recinto Parlamentario de Palacio Nacional, que este lunes el presidente Andrés Manuel López Obrador reinauguró, se dieron cita con la historia las “corcholatas” presidenciales.

Durante la ceremonia el Presidente estuvo acompañado en la línea de honor por su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller y la presidenta del Senado, Olga Sánchez Cordero.

A sus espaldas, la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum; el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández; el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna.

Atentos, porque, como señala la jerga política, el que se mueve no sale en la foto, junto al gabinete legal y ampliado, y el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, escucharon a la senadora Olga Sánchez Cordero, única oradora de la reinauguración.

La también ministra en retiro dijo que fue un triple honor acompañar al Presidente, por el valor de este recinto y lo que representa por el proceso histórico-político que entrelaza a las primeras dos grandes transformaciones del país.

“En segundo lugar, porque como mujer, al recordar y hacer conciencia de que hace dos siglos las mujeres no podíamos ni siquiera entrar a este espacio (…) En tercer lugar, porque tengo el privilegio de que esta restauración y reapertura es parte de un gran proyecto que ha impulsado el Presidente de la República en todo el Palacio Nacional”.

El recinto parlamentario se encuentra en el primer piso del patio central de la sede del Poder Ejecutivo, edificio que fue adaptado para albergar la primera Cámara de Diputados del México Independiente durante el siglo XIX.

Sánchez Cordero recordó que un 22 de agosto, pero de hace 150 años, la sede parlamentaria se incendió, como algo premonitorio de la etapa dictatorial que se avecinaba.

“En este recinto se gestaron los dolores de parto del país, entre los movimientos pendulares de dos generaciones que se enfrentaron al interior de estos muros y en campos de batalla, para definir el rumbo que debía seguir el México independiente y soberano”.

Ahí recordó al constituyente, periodista y liberal Francisco Zarco, quien advirtió que si un día resucitaba la reacción, intentaría “destruir cuanto hayamos hecho.

“Pero para ese caso, que es muy remoto, porque el país ha progresado en su adhesión a la libertad, porque los elementos de la reacción son cada día más débiles, para ese caso que podamos alejar si nos mantenemos firmemente unidos, dejemos realizadas las reformas, dejemos los hechos consumados, que no puedan destruir esta revolución.

“Esta reflexión de Zarco se hace hoy más vigente que nunca. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha realizado reformas, está consumando los hechos para que no destruyan esta gran Cuarta Transformación de la vida pública de nuestro país”.

Al término de la ceremonia, el Presidente y la líder del Senado hicieron un recorrido por la exposición México a través de sus constituciones.

Mientras el secretario de Gobernación y la jefa de Gobierno sostuvieron un breve diálogo, el titular de la SRE dio un par de pasos para retirarse, pero regresó a su lugar a petición de los fotoperiodistas.

El canciller avisó a sus compañeros de aspiraciones políticas y con ello se cumplió el ritual de la imagen de las “corcholatas” presidenciales. Así ante el Gorro Frigio y el Ojo de Dios que, desde un punto de vista filosófico —según los historiadores—, vigila que se hagan buenas leyes y se actúe con rectitud, también les tendió una mirada, al igual que el Presidente a quienes buscan

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