ENEMIGO DE PAPEL

POR: Alejandro Martínez Castañón

Es imposible creer como el Presidente de la República establece la agenda mediática. Caemos constantemente en lo que Él sabe que no va a prosperar porque ya lo midió en la reforma energética. Imposible me resulta creer que algo sacuda tanto a nuestros grandes ideólogos frente a esto que nos hace ruido porque está consciente que no va a suceder. ¿Pero cuál es el fondo de las cosas?

Preparar el terreno frente a una posible elección para el 2024 en la que pueda demeritar a MORENA. Alimenta una narrativa de una conspiración neoliberal, en la que encaja el INE, ante una posible derrota en la que Él no tenga que reconocer una derrota. Se compra un seguro de vida frente a lo que la autoridad electoral neutral tenga que reconocer frente al status quo.

Lo que sucedió con la revocación de mandato fue algo muy preciso que el Presidente necesitaba: un ensayo de medir con un instrumento oficial organizado por la autoridad electoral que pusiera casillas, electoralmente hablando, para ver su alcance. Es decir, ver hasta donde llegaron sus 30 millones de votos que alcanzó en su triunfo.

Finalmente, le hacemos caso al Presidente, reconocemos que le hacemos caso a lo que Él quiere ver en su propia agenda, nos desgasta en forma y fondo, lo que quiere que se discuta, y se discute. Nos metemos, incluyo esta columna, pero de forma más ilustrativa en la agenda del Presidente, para alejarnos de los verdaderos problemas del país.

Existen riesgos reales frente a una forma de hacer política y ya lo decía Giovanni Sartori: “Es necesario tener en cuenta que las elecciones pueden también matar una democracia”.

Necesitamos aprender a entender la democracia participativa. Es un concepto que emerge como tal en los ochenta del siglo pasado (aunque sus antecedentes son más remotos) y refiere, en el campo de la filosofía política, a un modelo ideal de democracia en el que el debate público de ideas, normas, principios e intereses, y la búsqueda de mecanismos de decisión correlativos, abiertos a la intervención de todos los ciudadanos, son los principios fundacionales de las leyes, instituciones y prácticas políticas de un régimen democrático. Cosa que en la realidad no existe.

Desde el punto de vista teórico, la democracia participativa no puede aceptarla noción, sea liberal o marxista, de que los intereses y los valores de los ciudadanos están dados prepolíticamente. Por el contrario, lo que se busca con la participación y la deliberación es precisamente crear, cambiar o criticar las preferencias, intereses y valores de los ciudadanos. Puede decirse que en la literatura hay un fuerte sesgo constructivista que apuesta a la posibilidad del diálogo racional, al acuerdo y al despliegue de una capacidad crítica. Por tanto, se coincide con aquellas visiones que consideran a la política como una actividad creadora de sentido, de identidad y de organización, y a la vez indeterminada en sus alcances y resultados.

Desde el punto de vista normativo, la democracia participativa se asume como un proyecto de construcción de una democracia que no se limita al ámbito electoral, sino que avanza en la creación de espacios en los que los ciudadanos debaten, deciden y exigen cuentas en campos cada vez más amplios de las políticas públicas, con base en su autonomía política, su

autoorganización, y su capacidad crítica y técnica.

Por eso creo que el poder político del Presidente va en declive, al grado de que o están con Él o están en su contra. La estridencia del clima que va a construir lo va a radicalizar y entonces todo se va a polarizar al grado de poder controlar un organismo autónomo como es el Instituto Nacional Electoral; tiempo al tiempo. Al final, está creando enemigos de papel.

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