LOS PUNTOS SOBRE LAS…

“MAÑOSO”, LLAMAN AL CACHORRO CANTU

POR ANGEL VIRGEN ALVARADO

La tampiqueña diputada, NORA GÓMEZ GONZÁLEZ, no se anduvo por las ramas y, en plena sesión del Congreso, en sus barbas, acusó al diputado reynosense, LUIS RENÉ, CACHORRO, CANTÚ de “falsificador de firmas”.

NORA refiere que EL CACHORRO falsificó su firma en el documento que envió el PAN al Tribunal Electoral de Tamaulipas donde se pide no autorizar la conformación de “la bancada de tres diputadas que se separaron del Partido Azul”.

Los gritos estentóreos de la diputada GÓMEZ y los del CACHORRO CANTÚ provocaron que se suspendiera la sesión del Congreso.

NORA dijo que informará los medios informativos acerca de qué documentos habrían sido falsificados por “el mañoso presidente” del PAN-Tamaulipas, CACHORRO CANTÚ.

NORA GÓMEZ es la Presidenta del Comité Municipal del PAN en Tampico.

En la trifulca verbal también salió muy raspado el diputado “Moyo”, FELIX FERNANDO GARCÍA AGUIAR, compadre del CACHORRO.

¡Cuánto daño le han hecho al PAN de Tamaulipas estos tipos!

Por hoy, es todo.

P.D.- “LA PATA DE MONO”, de William.W. Jacobs.

El 24 de julio del 2000, García Márquez respondió en la revista “Cambio”, una carta de un lector que le preguntaba su opinión sobre los cuentos en la literatura.

Dijo que escribir cuentos era como “vaciar en concreto” o lanzar “una flecha en el centro del blanco”, y mencionó que una joya de este género era “La pata de mono”, de William Wymark Jacobs.

“Es un buen ejemplo de cuento compacto e intenso”, escribió.

El relato de Jacobs también fascinó a los escritores argentinos como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, quienes lo incluyeron en su célebre Antología de la literatura fantástica.

En pocas páginas, Jacobs nos cuenta la historia de una pata de mono dotada de poderes mágicos por un faquir de la India que puede conceder tres deseos a tres hombres distintos a cambio de unas consecuencias funestas.

La familia White obtiene este extraño objeto a través de un militar y sufre una terrible condena por intentar modificar el curso de su destino.

–«¿Una pata de mono?» -preguntó la señora White.

– «Bueno, es lo que se llama magia, tal vez» –dijo con desgana el sargento.

Sus tres interlocutores lo miraron con avidez. Distraídamente, el forastero llevó la copa vacía a los labios; volvió a dejarla. El dueño de casa la llenó.

–« A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular»–, dijo el sargento mostrando algo que sacó del bolsillo.

La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente.

– «¿Y qué tiene de extraordinario?»–preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla.

–«Un viejo faquir le dio poderes mágicos», -dijo el sargento mayor-. Un hombre muy santo… Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos.

Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.

– «Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas?» –preguntó Herbert White.

El sargento lo miró con tolerancia.

–« Las he pedido» –dijo, y su rostro curtido palideció.

– «¿Realmente se cumplieron los tres deseos?» –, preguntó la señora White.

– «Se cumplieron»,  –dijo el sargento.

– «¿Y nadie más pidió?», –insistió la señora.

– «Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono –».

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