Macron, un segundo mandato en soledad

BRUSELAS, Bélgica (EL UNIVERSAL).- Al presidente francés Emmanuel Macron le espera un segundo mandato completamente diferente a lo que fue el primer ciclo de su administración.

Macron, quien fue reelecto en abril pasado por cinco años más, perdió la confortable mayoría absoluta que tenía en la Asamblea Nacional durante las legislativas del 12 y 19 de junio pasado.

Junto a sus socios, al mandatario galo apenas le alcanzó para sumar 245 escaños de los 577 disputados, de acuerdo con datos del Ministerio del Interior.

Como resultado del descalabro, durante el próximo quinquenio el mandatario tendrá dificultades para sacar adelante el plan de reformas que prometió en la campaña electoral que lo llevó a imponerse en la segunda vuelta de las presidenciales, disputadas con la ultranacionalista Marine Le Pen.

Ahora que no cuenta más con el apoyo de los 350 legisladores incondicionales que prestaron servicio entre 2017 y 2022, está obligado a negociar con otras fuerzas políticas. Entre los primeros desafíos destaca su plan de elevar la edad de jubilación de 62 a 65 años, una iniciativa altamente sensible que alianzas para no quedar en papel mojado.

“Macron ha quedado fragilizado porque perdió la mayoría absoluta, porque perdió su discurso”, dice a EL UNIVERSAL Gaspard Estrada, politólogo de la universidad Sciences Po.

“Si bien no hay una mayoría alternativa, es claro que Macron sale de esta elección mucho más frágil de lo que entró hace mes y medio, cuando se llevó a cabo la elección presidencial”.

La gran incógnita que queda en el aire es con quién va a negociar el jefe de Estado para evitar el estancamiento político y una mayor erosión en su credibilidad como hombre de cambio.  

Prácticamente todas las fuerzas protagonistas de la vida política francesa pueden de alguna manera presumir un buen resultado en las urnas.

La alianza de izquierda entre La Francia Insumisa, la Europa Ecología Los Verdes, el Partido Comunista y el Partido Socialista, arrojó los resultados previstos y emergió como el bloque de oposición más grande de la próxima Legislatura. La apuesta de no competir entre ellos, sino presentar candidaturas conjuntas, se tradujo en 131 escaños. Los insumisos de Jean-Luc Mélenchon conforman la fracción más numerosa del bloque de izquierda, aunque las perspectivas de colaboración quedaron sepultadas tan pronto se conocieron los resultados.

Mélenchon respondió a la posibilidad de crear puentes asegurando que no vienen del mismo mundo y no comparten los mismos valores ni objetivos. “La izquierda logró lo que no pudo en la elección presidencial, es decir, hacer una coalición electoral. Eso tuvo réditos en el sentido de que obtuvieron un mayor número de escaños de lo que tenían en la elección precedente”, dice Gaspard.

El problema al que ahora se enfrentan, continúa, es uno de estrategia, debido a que fue una coalición electoral y no política. Esto significa que cada partido va a tomar su camino, actuará de manera independiente dejando abierta la incógnita de si algún diputado va a colaborar o no con Macron. “En ese sentido, fue una victoria agridulce”, resume el analista.

La extrema derecha sumó otro resultado histórico. El partido Agrupación Nacional, nacido de la mano del negacionista del holocausto nazi, Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, multiplicó por 10 su presencia en el Parlamento francés, pasando de ocho espacios en 2017 a 89.

Con la victoria, los ultras no sólo formarán por primera vez un grupo parlamentario, el mínimo requerido son 15 escaños, se convierten en el partido de oposición más grande, en solitario.

“Es la traducción de una realidad política. La extrema derecha ha sido muy fuerte en las últimas dos elecciones y los resultados a nivel legislativo eran una distorsión con relación a la realidad política del país”, sostiene el politólogo. “Sin embargo, el hecho de pensar en que lleguen al Congreso asusta. Ahora sí la extrema derecha va a tener mucho más peso en los asuntos políticos del país”. 

Queda entonces por ver cómo se comportarán, cuál será su línea, si mantienen o no los principios radicales de su plataforma política. En la pasada elección presidencial, Marine Le Pen moderó su discurso y trató de mostrarse como presidenciable, pero la base ideológica sigue apegada a sus orígenes ultras.

Los conservadores, Los Republicanos, se presentan como la fuerza política que el gobierno de centroderecha de Macron necesita para avanzar. Si bien la bancada conservadora perdió fuerza, sacó mejores notas que en las presidenciales, reteniendo 61 legisladores. “Les fue mejor de lo previsto, pero el problema sigue siendo cuál va a ser su discurso y si van o no a apoyar a Macron. Puede ser el partido bisagra de la mayoría política de Emmanuel Macron, pero falta que así lo quieran”, dice Gaspard.

Los Republicanos están en la posición de capitalizar el resultado obtenido, aunque con sus limitantes. Dado que la extrema derecha tiene más escaños que ellos, puede que el discurso de oposición de la derecha les sea arrebatado por Rassemblement National, lo cual obligará a acercarse a Macron para no perderse en la arena política. 

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