Matanzas atiza el fuego de la indignación en Cuba

SAN JOSÉ, Costa Rica (EL UNIVERSAL).- Un rayo que cayó directo sobre la cúpula de un tanque de almacenamiento de combustibles en una base de supertanqueros en la noroccidental ciudad cubana de Matanzas, al anochecer del 5 de agosto anterior, desató el incendio más grande  en la historia de Cuba.

¿Por qué? Porque falló el sistema de pararrayos de la estratégica estación. Con celeridad y sin control, el fuego se propagó a otros depósitos, mientras una densa nube de dióxido de azufre, óxido de nitrógeno y monóxido de carbono se extendió al oeste de la isla y una orden de racionamiento eléctrico —apagón— dejó a oscuras a un país sumido en las más graves carencias energéticas.

Más que las imágenes de una tragedia que mezcló una causa natural con líos técnicos, la mancha negra exhibió o evidenció la profunda vulnerabilidad o fragilidad que atrapó a la Revolución Comunista Cubana en 2022, en un escenario con otro  incendio que se extendió también sin control: el del masivo descontento popular con el sexagenario régimen comunista, que se instaló en 1959 y cumplirá 64 años en 2023.

Si antes de los incendios en Matanzas, capital de la occidental provincia (estado) de Matanzas y aledaña al mundialmente famoso balneario de Varadero, la situación eléctrica en Cuba se mostró como una de las más agudas y complejas de su historia revolucionaria, el saldo del estallido en el puerto  de combustibles complicará el panorama.

Este año, desde finales de julio e inicios de agosto y antes del rayo en Matanzas, los cubanos se despojaron del miedo y se lanzaron a protestar con cacerolazos y bloqueos de vías por los prolongados cortes de electricidad.

Desde los balcones de las casas, en las esquinas de los barrios, en los parques y en las calles de gran cantidad de pueblos de Cuba proliferaron las muestras de inconformidad ante la crisis energética. Los racionamientos de electricidad son más severos en las provincias (estados) del interior del país: se dispone del fluido sólo de dos a tres horas al día.

“Se va llenando la copa y se puede rebasar. Esto pica y se extiende. Lo de Matanzas afecta al cubano de a pie y lo seguirá afectando”, advirtió la disidente cubana Berta Soler, líder de Las Damas de Blanco, grupo opositor creado en 2003 por familias de presos políticos. “El pueblo está saliendo a las calles, está protestando. Es probable que haya más represión, pero aumentarán las protestas por falta de comida, dinero, agua, electricidad y esto no es sólo por la catástrofe del incendio”, dijo Soler a EL UNIVERSAL por teléfono desde La Habana.

Los cacerolazos y demás manifestaciones se registraron tras cumplirse el primer año del sorpresivo estallido social del 11 de julio de 2021, que estremeció a Cuba con protestas en distintos sitios en un clamor de democracia, libertad y fin del comunismo y de repudio a la escasez generalizada de bienes de subsistencia básica. El 11-J se saldó con miles de arrestos y más de 550 condenados a prisión por actos vandálicos y otros delitos.

Fiel a su guion para impedir cualquier muestra de reclamo y de protesta, el régimen aseguró que la causa fundamental de los apagones —”alumbrones”, contrastan los cubanos— es el bloqueo o embargo económico que Estados Unidos estableció desde 1962 contra Cuba.

Acostumbrados al desastre.   Pero urgidos de soluciones y cansados de más de 63 años de añejas arengas repetidas, millones de cubanos han caído en una mezcla de desesperación y desesperanza… sin luz al final del túnel de décadas de sacrificios para las mayorías… que tampoco ignoran que hay minorías privilegiadas. En un artículo que publicó cuatro días antes de que estallara el incendio en Matanzas y que envió a este diario, el disidente Dagoberto Valdés, religioso, ingeniero agrónomo, exmiembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano y director de Convivencia, revista digital de Cuba, lamentó que los cubanos “nos vemos tentados a normalizar el desastre”.

En busca de “sobrevivir”, los cubanos tienden a normalizar “los insoportables apagones que aumentan y se extienden por toda Cuba, junto a la crisis económica, la inflación, la falta de alimentos, medicamentos y todo lo necesario para una vida digna, en medio de la mayor represión de las últimas décadas”. En un artículo que publicó el lunes de esta semana y que también envió a este periódico, Valdés planteó: “Cuba está a las puertas de un cambio”.

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