ME GUSTAN MUCHO LAS PALABRAS

Ernesto Parga Limón

 Me gustan mucho las palabras, las hay pacientes y optimistas, son como un día siempre soleado: Esperanzador es una de ellas; me encanta pronunciarla, es por fortuna dulce y nada corta, su sonido se alarga hasta que provoca en el corazón un remanso de paz que obliga a repetirla: Es-pe-ran-za-dor.

Las hay alegres y cantarinas que ruedan fáciles y que son como guijarros dóciles que lleva el agua río abajo:  sempiterno, por ejemplo, que significa siempre eterno tal como debe ser la mismísima esperanza.

También las hay eufónicas, de armonioso sonido, son casi un susurro, son una caricia del corazón al alma: entusiasmado entre estas palabras, un bello ejemplo cuyo significado es; arrebatado o poseído por Dios o estar bajo la inspiración de Dios.

Me gustan mucho las palabras, hay otras que encuentro sugerentes, palabras que invitan a pensar, a hurgar en busca de su total significado que se nos escapa un poco como el agua entre las manos: verídico y fidedigno, dicen algo y sugieren mucho más.

Me gusta las palabras que nos marcan nuestras responsabilidades, que levantan el ánimo decaído, que motivan a recuperar lo que se ha perdido. Me gusta la palabra alzaprimar que nos enseña a poner primero y en lo alto aquello que merece la pena en esta vida; no sé por qué pienso que esa palabra se lleva bien con esta otra… familia

Me gusta mucho la palabra inefable, es contundente y misteriosa, un auténtico milagro de la lengua, esa palabra existe para que podamos expresar aquello que no podemos expresar. Un atardecer, la risa de un bebé, la experiencia profunda de la fe, la cabalidad del amor, son realidades que escapan a todas las palabras menos a inefable, que adjetiva certeramente aquello que sentimos.

Me apasionan las palabras con hache intermedia, me atrae su sospechoso extranjerismo, me suenan a nobleza con cierto aire de pasada gloria. Azahar que siempre que la escucho o la pronuncio pienso en una flor que arrastra desde el tiempo su arabesco perfume que flota aún en el Al- Andaluz reconquistado. Me gusta mucho el vocablo de las tres palabras: enhorabuena, con su hache intermedia señorial y solariega, palabra generosa que usa aquel que, sin pizca de egoísmo, se goza en la felicidad del otro.

Me gustan las palabras altisonantes, que son aquellas que suenan alto en su verdad, sonoras y orgullosas de su estirpe: continente, no puede ocultar su gallarda altisonancia cuando se emplea en su acepción de “aire de semblante y actitud.” La niña de grácil continente me miró como por encima de los hombros.

Empero, no me gustan las palabras malsonantes que maldicen acompañando las peores intenciones, huye de ellas querido lector, pues son indignas y faltas de pudor. Yo creo que son bumerangs envenenados. Por esa razón odio la palabra púdrete y otras similares.

Las hay también palabras madres que, como vid fecunda, nos ofrecen sus renuevos: Roma, da pie a romero y a romería, a romance y a romanticismo.

Me deleito con los juegos de palabras, con la vitalidad con que los hablantes insuflamos a los vocablos, la manera en que los estiramos para que signifiquen muchas cosas a la vez, la forma en que les damos vuelta hasta que terminan por significar la cara y la cruz de la misma moneda: Conjurar, por ejemplo, según la RAE puede ser “conspirar, uniéndose muchas personas contra alguien, para hacerle daño”. Y, al contrario, “impedir, un daño o peligro”. Así pues, podemos decir que; La conjuración contra el gobierno fue conjurada por la policía.

Me gustan mucho las palabras. Disfruto cuando le hablo a la fe, al amor y a la amistad, el ir como el gambusino que busca el oro entre las rocas, escogiendo unas, apartando otras y desechando las que estorban, las que enturbian la rotunda trasparencia de la verdad que quiero trasmitir.

Hay también palabras que son como un trueno, un temblor, una sacudida, una descarga eléctrica, palabras que abren el mar rojo para pasar a la otra orilla, palabras que enhebradas con otras forman frases que nos sacan del anónimo profundo y nos dan identidad, palabras que borran la tristeza, y hacen rebozar al corazón. Frases que pronunciadas o recibidas son en definitiva lo que hacen que me gusten tanto las palabras:

Te amo, creo en ti, espero en ti…son frases hechas con palabras que deberían de ser siempre pronunciadas.

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