Prevén fin del muro de la homofobia de Fidel Castro en Cuba

SAN JOSÉ, Costa Rica (EL UNIVERSAL).- Con una frase de 58 palabras y signos de puntuación y de ortografía, Fidel Castro envió en 1963 en Cuba a miles de gays y lesbianas a esconderse en el clóset y en el silencio para evitar la represión política. Siendo primer ministro y en la cresta de su poder con apenas cinco años de Revolución Comunista Cubana, Castro (1926-2016) soltó una denuncia que se convirtió en manual de instrucciones para los aparatos represivos cubanos.

Castro lanzó: “Muchos de esos pepillos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos, algunos de ellos con una guitarrita en actitudes elvispreslianas y han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre”.

Casi 60 años después, 7 millones de cubanos podrán votar el próximo domingo en Cuba en un referendo para aceptar o rechazar ratificar la Ley del Código de las Familias, que permitirá la unión civil entre personas del mismo sexo. Por ser un proceso organizado por el Partido Comunista de Cuba (PCC), único legal en la isla, la ratificación se da por descontada y por mayoría simple de los votos válidos. La consulta se hará con el reiterado recuerdo de que, de 1965 a 1968, Castro operó campos de concentración o trabajo forzado, Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), en los que recluyó a homosexuales, religiosos y opositores para supuestamente corregirlos y obligarlos a modificar sus desviaciones individuales e ideológicas que catalogó como decadentes y típicas del capitalismo.

El código “no es el problema fundamental de la sociedad cubana”, explicó el disidente cubano Dagoberto Valdés, religioso, ingeniero agrónomo, exmiembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano y director de Convivencia, revista digital de Cuba. “Algunos han calificado [el referendo] de cortina de humo para distraer de la esencia el problema principal de Cuba, que es la falta de libertad, de derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales, culturales”, dijo Valdés a EL UNIVERSAL.

“Más importante que este código está el Código Penal, que ha criminalizado algunos derechos humanos reconocidos en el mundo entero y no fue consultado a la ciudadanía. Más importante todavía que ambos códigos es la necesidad de una consulta popular para ver si el pueblo cubano quiere un cambio estructural, un cambio profundo hacia la democracia (…) Lo fundamental en Cuba es la falta de libertad y de derechos y el ansia de libertades y de democracia”, recalcó. Aunque ser gay, lesbiana o de otra predilección sexual dejó de ser motivo automático de cárcel, sectores de esas minorías son perseguidos por sus preferencias políticas y participar en la resistencia al régimen unipartidista. “La homofobia fue una peculiaridad del proceso revolucionario”, recordó a este periódico el disidente y periodista opositor cubano Reinaldo Escobar, editor en jefe del diario digital 14ymedio.com (que funciona en la ilegalidad en la isla).

Al remitir a las décadas de 1960 a 1980, Escobar narró que “Cuba giraba en la órbita soviética, donde los siquiatras afirmaban que la homosexualidad se curaba como una enfermedad. La virilidad se consideraba entonces una virtud revolucionaria y la blandenguería un rezago pequeño burgués”.

Sin mencionar a Castro, el primer secretario del PCC y presidente de ese país, Miguel Díaz-Canel, tuiteó anteayer que el código, que reemplazará al que rige desde 1975, “es la esperanza de miles de personas marcadas por dolorosas historias de exclusión y silencio (…) Seres humanos que han sufrido y sufren los vacíos de nuestras leyes”.

El periódico Granma, órgano oficial del PCC, informó que, entre múltiples asuntos, se modificará el concepto de Patria Potestad por Responsabilidad Parental y sin que los padres pierdan control sobre sus hijos. También definirá que la capacidad para formalizar una unión legal se alcanza a los 18 años, por lo que los menores “no pueden casarse” ni por decisión de los padres y “mucho menos” de un tribunal, precisó.

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