Con la voz entrecortada y los ojos cristalinos, Charlyn Corral vuelve a reparar en lo vivido hace unos cuantos días, cuando fue reconocida —durante la gala del Balón de Oro— con el trofeo Gerd Müller a la delantera más productiva en todo el planeta.
No hay razón para no creerse lo que es. La goleadora del Pachuca asegura que este premio (nunca antes ganado por un futbolista mexicano, sin importar el género) es la muestra de su grandeza, de que es una futbolista única en la historia de México.
"He hecho lo que ningún mexicano ha hecho", sentencia. "No debo nada, nadie me debe nada".
"No tengo rencores, pero hoy quiero vivir al máximo cada momento", añade. "Quiero ser feliz y ojalá la vida me permita seguir viviendo más tiempo de mi pasión".
Pese a su extensa hoja curricular, que incluye un título de goleo en la Liga de España, la mexiquense se siente poco valorada en su país, pero está convencida de que ser reconocida como la mejor delantera del mundo debe cambiar esa perspectiva.
"Hoy, después de esto, es un golpe sobre la mesa. He sido una jugadora diferente, especial", presume, todavía con la voz frágil. "Dios me dio un talento, pero supe trabajar y aprovecharlo. Me preguntaba por qué juego, si por los récords, la gente o mi papá... Y no, es porque me gusta el deporte, me gusta transmitir".
Y lo ha conseguido en grande, porque ha demostrado que los mexicanos pueden tocar el cielo, aunque —hasta ahora— sea la única futbolista nacida en este país que lo ha logrado.




