Los índices de obesidad infantil y juvenil se han cuadruplicado de 1990 a la fecha y en el mundo afectan a 70 millones de niños de 5 a 9 años, y a 100 millones de jóvenes, de 10 a 19 años en el mundo, según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), que cita Laura Poy Solano en la Jornada de ayer. Lo comentamos porque México es uno de los primeros lugares en el mundo con obesidad infantil-juvenil; también de adultos Mayores. Sobre todo, porque los gobiernos de antaño fueron muy tolerantes con el hecho de que los procesos de industrialización de los alimentos chatarra se siguiera dando, sin que el Estado Mexicano tomara cartas serias en ese grave asunto.
Cuando en los primeros tiempos del gobierno de Enrique Peña Nieto se quiso frenar el consumo de refrescos embotellados y edulcorados y las comidas chatarra, elaboradas con aceites trans o hidrogenados, harinas refinadas, azúcares y sales refinadas, por recomendación del Secretario de Salud de esos tiempos, al menos en las escuelas; pero los empresarios de Coca Cola y los elaboradores de frituras, pusieron el grito en el cielo, pues las escuelas, públicas y privadas constituían un vasto ejército de consumidores, le tocó al Secretario de Educación Pública, Emilio Chuayfett Chemor (2012-2015), decidir entre cumplir con la salud de los estudiantes de las escuelas públicas y privadas del país, o con los intereses de los grandes empresarios, y los prefirió a ellos, pues los refrescos solo los hicieron más chiquitos, dizque para disminuir las dosis de “azúcares refinadas”, las frituras siguieron ofertándose en las escuelas y se mantuvieron por buen tiempo gracias a las estrategias de mercadotecnia de los expendedores. En tiempos de pandemia (2019-2020) murieron principalmente los afectados por los malos hábitos alimenticios, de manera que desde el sexenio pasado se ha iniciado una campaña cada vez más organizada contra el consumo de alimentos que propician el sobrepeso y la obesidad de las personas. Por medio del Sector Salud, Andrés Manuel López Obrador realizó la etiquetación de productos chatarra que se ofertan en todos los comercios de México, con la intención de orientar a la sociedad mexicana, para que su dieta alimenticia sea saludable. Lo más importante se dio a finales del gobierno de AMLO preparándose una ley contra la comida chatarra y ésta se aprobó a principios del actual gobierno que preside Claudia Sheinbaum Pardo y desde los últimos días de marzo del 2025, se ha iniciado su aplicación en todo el país.
Lo anterior no significa que el problema de los malos hábitos de consumo de alimentos en México esté superado. Según la OMS, se deben hacer esfuerzos integrales en los que se incorporen esfuerzos de padres, madres de familia, maestros y los propios estudiantes, para cambiar los malos, por buenos hábitos alimenticios, razón por la que se requiere mucha interacción y esfuerzos porque la información llegue a todos, y que se comprenda. Además, se requiere mucha supervisión en el universo donde se está aplicando una ley sobre comida saludable, que muy posiblemente en varias partes del país, no se está realizando. No olvidemos el dicho que se atribuye a López Obrador de que: “Obra programada, no supervisada, vale “pa” pura chingada”.
