Ernesto Ruffo Appel describió su llegada al Centro de Justicia Penal Federal en Almoloya de Juárez como una experiencia “terrible” y “humillante”, según relató a la periodista Carmen Aristegui. El exgobernador de Baja California, de 74 años, aseguró que no desea esa vivencia a ninguna persona y atribuyó su equilibrio emocional al respaldo de otros reclusos.
De acuerdo con su declaración, el exmandatario panista compartió módulo con otros exgobernadores procesados por delitos graves, entre ellos Mario Marín, Ángel Aguirre, Tomás Yarrington y César Duarte, así como con el almirante Fernando Farías Laguna. Ruffo Appel sostuvo que esa convivencia le permitió evitar el llamado “carcelazo”, término con el que describió la pérdida de la seguridad psicológica de una persona privada de la libertad.
Durante las noches, ese grupo de reclusos discutía sobre la reconstrucción institucional del Estado mexicano desde los pasillos del penal, al punto de que otros internos respondían con aplausos desde pisos distintos.
Ruffo Appel mencionó en particular a Aguirre, exgobernador de Guerrero, quien compartió su punto de vista sobre el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. El exgobernador admitió, sin embargo, que la mayoría de los reclusos con los que convivió durante traslados y horarios de comida se declaraba inocente, por lo que decidió mantener su propio criterio ante cada relato.
Esa reclusión, que se extendió más de dos meses, terminó el 26 de septiembre, cuando Ruffo Appel salió del Altiplano rumbo a la prisión domiciliaria que ahora cumple en Ensenada. Un juez federal autorizó el cambio de medida cautelar un día antes tras considerar el deterioro de salud del exgobernador: su defensa documentó una pérdida de casi seis kilos, atribuida a las condiciones de alimentación y descanso dentro del penal, junto con dictámenes médicos y forenses.




