Entre las numerosas promesas electorales de Donald Trump, hay una que su administración está cumpliendo con particular determinación: endurecer las barreras migratorias de Estados Unidos, una política que ya se tradujo en la revocación de más de 300.000 visas desde su regreso a la Casa Blanca, en enero de 2025.
La cifra, difundida por el Departamento de Estado y publicada por el New York Post, refleja la magnitud de una ofensiva que no se limita a reforzar los controles fronterizos, sino que también alcanza a extranjeros que habían obtenido autorización legal para ingresar al país.
Según un funcionario del Departamento de Estado, las revocaciones respondieron a actividades delictivas, amenazas a la seguridad pública o infracciones migratorias, entre ellas fraudes y declaraciones falsas.
Al menos 4.000 visas fueron canceladas a ciudadanos extranjeros que, según las autoridades estadounidenses, participaron o facilitaron el denominado "turismo de nacimiento", una práctica por la cual mujeres extranjeras viajan a Estados Unidos con el propósito de dar a luz y obtener la ciudadanía estadounidense para sus hijos.
"Con más de 300.000 revocaciones, la administración Trump ha cancelado más visas y a un ritmo mayor que cualquier otra administración en la historia", afirmó el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott.
"El mensaje debe ser claro: tolerancia cero con los extranjeros que se encuentran en el país con una visa y violan la ley, cometen fraudes o amenazan nuestra seguridad nacional", agregó.
El funcionario aseguró que Washington continuará adoptando medidas para proteger sus fronteras y garantizar la seguridad nacional.
Por el momento, el gobierno estadounidense no precisó las nacionalidades de las personas afectadas por las cancelaciones.
El endurecimiento de la política migratoria constituye uno de los pilares del segundo mandato de Trump, quien hizo del control de las fronteras y de la reducción de la inmigración irregular dos de sus principales compromisos durante la campaña presidencial de 2024.
Desde su regreso a la Casa Blanca, el mandatario impulsó una estrategia que combina mayores restricciones de ingreso, controles sobre la permanencia de extranjeros y una ampliación de las medidas de expulsión.
La revocación de visas representa otro instrumento de esa política, ya que permite retirar autorizaciones previamente concedidas a personas que, según las autoridades, incumplen las condiciones de su admisión o representan riesgos para la seguridad.
A diferencia de las deportaciones, que implican la expulsión física de una persona del territorio estadounidense, la cancelación de una visa puede afectar tanto a extranjeros que se encuentran dentro del país como a quienes permanecen en el exterior.
La medida tampoco equivale necesariamente a una orden de deportación, aunque puede tener consecuencias sobre la posibilidad de ingresar o permanecer legalmente en Estados Unidos.
La política de Trump ha generado fuertes controversias entre organizaciones defensoras de los inmigrantes, que cuestionan el alcance de las restricciones y reclaman garantías de debido proceso.
Para la Casa Blanca, en cambio, las cifras constituyen una demostración de su compromiso con el control migratorio.
A dos semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, la inmigración continúa ocupando un lugar central en la agenda política estadounidense, mientras Trump exhibe el endurecimiento de los controles como uno de los resultados de su segundo mandato.



